
Escribo relatos cortos porque tengo muy poco tiempo para escribirlos largos y me gusta comer bien aunque no tenga un duro. No existe otra razón. Yo me levanto por la mañana con ganas de escribir una novela. Créanme que lo intento. Cada amanecer. Me preparo el café, enciendo un cigarrillo, pongo cara de novelista y pincho algo de Tinderstick en el equipo de música. A los cinco minutos ya estoy pensando en el almuerzo (yo todos los viernes como lentejas, como el loco de la novela esa) y no me puedo concentrar en el profundo drama interior de los campesinos del cáucaso. Entonces es cuando me digo: De la Torre, ¿por qué no escribes la historia del campesino armenio en tres páginas y así tienes tiempo de cocinar las lentejas además de ahorrarte mucho papel? Después de eso concluyo que debo bajar al mercado para comprar espinacas (en mi pueblo guisamos así las lentejas). Para qué voy a perder tiempo y papel en rellenar tres páginas cuando puedo contarlo todo en un par de párrafos (de más de cinco líneas, no se crean). Tras devorar las lentejas me tumbo a regordar en el sofa, leo lo que he escrito, miro mi biblioteca plagada de novelas y me digo en duermevela: vaya gasto De la Torre.
Yo soy escritor pero en los papeles dice que soy licenciado en periodismo. Lo cierto es que a pesar del rechazo general que siento por ciertos aspectos de mi profesión me he ganado la vida como plumilla en más de una ocasión. Me apunté a eso del periodismo porque me permitía hacer las dos cosas que más me gustan: escribir y viajar (eso lo leí en una novela y desde entonces me lo digo para autoconvencerme). Se lo comento para que luego no digan que los periodistas somos escritores frustrados, yo más bien soy lo contrario.
Tuve un programa de radio propio donde intenté conjugar, música, periodismo, literatura y cine. A mi madre le gustó mucho. Una vez se me ocurrió montar un taller de literatura que acabó llamándose Pravda (no por bolchevismo sino porque mi grupo de música también se llamaba así) pero mi madre no acudía a las reuniones y aquello perdió cierta intensidad. Colaboro en algunos portales de Internet y algunas veces hasta me dejan escribir. Trabajo en la organización de una Feria de Teatro de Calle y tengo mi propia empresa de servicios de comunicación, Clorophila (aquí sí les comento el nombre por si me quieren contratar). Ahora me ha dado por editar una revista de literatura pero todavía estoy esperando el dinero y mi madre no está por la labor. El primer número se lo dedicamos a Roberto Bolaño (lo digo por si algún mecenas realvisceralista se conmueve y me pasa un talón). Ya puestos me dejé convencer por una chica encantadora para editar un libro de relatos con los autores de LiberArte. Ya les contaré. También doy clases de español y le digo a mis alumnos más avanzados que me escriban relatos cortos. Estoy muy contento porque de momento, no me ha salido ningún novelista.
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